Todos los años, en algún momento de la última hora de clase, pasa lo mismo: los chicos ya están con la mochila lista y la cabeza en el recreo. Probamos con esto: tres preguntas simples que cada estudiante responde por escrito antes de irse.
¿Qué aprendiste hoy que no sabías esta mañana? ¿Qué parte de la clase te costó más? ¿Qué le contarías a alguien sobre lo que vimos hoy?
No hace falta corregirlo ni leerlo en voz alta. Es un espacio de dos minutos para que cada uno ponga en palabras lo que le pasó en esa clase, y de paso, practica escritura breve todos los días.
Nació como un regalo improvisado para el Día del Maestro y terminó siendo parte fija de nuestras clases. A veces las mejores ideas son las más chiquitas.


