Cuando pensamos la lectura solo como una actividad escolar —algo que se evalúa, se completa, se entrega— perdemos de vista lo que la vuelve valiosa: la posibilidad de habitar, aunque sea por un rato, un mundo que no es el propio.
Un buen recorrido lector no busca únicamente que un estudiante "comprenda un texto". Busca que se quede pensando en un personaje camino a su casa, que discuta con un compañero si el final estuvo bien, que quiera saber qué más escribió esa autora.
Por eso, cada recurso que armamos en Trama parte de la misma pregunta: ¿este texto invita a quedarse un rato más, o solo pide una respuesta correcta? Cuando la respuesta es la primera, ahí hay una puerta abierta.

