Hay días en que ninguna consigna "inspiradora" funciona y el grupo se queda mirando la hoja en blanco. Para esos días, conviene tener a mano disparadores simples, concretos, que no dependan de la inspiración.
- La lista imposible: escribir diez cosas que nunca dirías en voz alta.
- El objeto testigo: elegir un objeto del aula y contar su día desde su punto de vista.
- La carta que no se manda: escribirle algo a alguien, sabiendo que no se va a enviar.
- El final cambiado: reescribir el final de un cuento que ya leyeron.
- Una verdad, una mentira: escribir tres afirmaciones sobre uno mismo, donde una sea falsa.
Ninguna de estas consignas pide "escribir bien". Piden empezar. Y casi siempre, empezar es lo único que hacía falta.

