Es fácil, en el medio de la planificación y las evaluaciones, olvidar por qué se eligió esta profesión. Pero alcanza con volver un momento a esa frase simple que también nos gusta repetirnos: aquí también se cambia el mundo.
No hace falta un proyecto enorme para eso. A veces alcanza con una pregunta bien hecha, con dar lugar a una opinión distinta, con enseñar que un texto se puede leer de más de una manera.
Formar buenas personas no es un objetivo aparte de enseñar a leer y escribir: es, muchas veces, el mismo objetivo con otro nombre.

